
Sala I de IX · 1651 – 1687
El muro que no cayó.
Un Cristo pintado por un esclavo sobre adobe sobrevivió a terremotos, a una orden de borrarlo y a un intento de moverlo. Esta es la historia que venimos cargando desde hace más de tres siglos.
Un barrio llamado Pachacamilla
Todo empezó en un barrio de las afueras de Lima, donde convivían indios traídos de Pachacamac y esclavos africanos.
En 1533 Hernando Pizarro llegó al santuario de Pachacamac y mandó quebrar su ídolo. Años después, parte de esa población fue trasladada a unos terrenos en las afueras de la Ciudad de los Reyes. El lugar tomó el nombre de sus nuevos vecinos: Pachacamilla.
Un siglo más tarde, a mediados del siglo XVII, allí se reunía una cofradía de negros de casta angola, una de las “naciones” africanas traídas al Perú. En sus locales, que los cronistas llamaban “cuartos”, celebraban sus días de fiesta con cantos y bailes. Lima tenía entonces una fiesta religiosa cada tres o cuatro días: 98 al año.
El pintor sin nombre, 1651
En 1651, un esclavo angoleño cuyo nombre nunca conocimos pintó sobre la pared de adobe del galpón de su cofradía un Cristo crucificado, flanqueado por el sol y la luna. Lo hizo al temple, sin escuela de dibujo ni de pintura. Antuñano escribiría después que quizá “algún ángel le gobernara la mano”.
Que el autor sea anónimo le dio a la imagen algo único: cualquier devoto puede verse reflejado en ella. Por la piel de quienes le rezaban, se le llamó también mucho tiempo después el Cristo Moreno.
Entre 1655 y 1671 otro pintor, también anónimo, añadió a los pies de la cruz a la Virgen Dolorosa y a María Magdalena.
Pintado al temple sobre un muro de adobe por un esclavo sin escuela de dibujo ni pintura.
El primer milagro
Un terremoto sacudió Lima y el Callao y derribó casi todas las viviendas. De los cuartos de los angoleños solo quedó en pie un pedazo de pared: el que tenía pintado al Cristo. Fue el primer milagro reconocido.
El barrio quedó tan golpeado que lo abandonaron. Durante más de dieciséis años el lugar fue un muladar, y la imagen quedó a la intemperie.
Andrés de León
En 1671 un vecino de la parroquia de San Sebastián, Andrés de León, decidió cuidar el muro. Lo reforzó con adobes, le hizo un techo de hojas de plátano, mangles y cañas, y le puso una peana para las flores y las velas.
Andrés sufría un “cancro” contagioso que ningún médico había podido curar. Tras días de súplicas ante el Cristo, sanó. Fue el primer milagro concedido a una persona. Desde entonces los devotos se reunían los viernes por la noche a cantar el Miserere al son de un arpa y un bajón.
Los tres intentos de borrarlo
El párroco de San Marcelo, José Laureano de Mena, denunció ante el Virrey Conde de Lemos que en esas reuniones se hacían bailes “torpes e indecentes”. El notario Juan de Uría fue a comprobarlo y encontró a más de doscientas personas cantando ante la imagen. Entre el 6 y el 12 de setiembre de 1671 se ordenó borrarla.
- I
El pintor
Un pintor indígena subió la escalera. Le dio un temblor tan fuerte que cayó al suelo casi sin aliento.
- II
El segundo hombre
Lo intentó otro y le ocurrió lo mismo. La imagen seguía intacta.
- III
El soldado
Un soldado de la guardia, de ánimo más templado, subió y bajó diciendo que la corona se ponía verde y el Cristo cada vez más lindo. El cielo se oscureció y cayó sobre Lima una lluvia torrencial.
El Virrey, que estaba enfermo, fue a ver la imagen y ordenó cuidarla. El 14 de setiembre de 1671, día de la Exaltación de la Cruz, se celebró la primera misa ante el muro, con el Virrey, su esposa, el Arzobispado y la nobleza limeña. La devoción fue tan grande que los sacerdotes empezaron a decir misa desde las cuatro de la madrugada.
Ese mismo año el pintor José de la Parra añadió el INRI, al Padre Eterno y la paloma del Espíritu Santo. Un devoto había raspado el pie del Cristo para llevarse tierra como reliquia, y De la Parra nunca logró igualar el color original. Muchos lo tomaron como otra señal.
El muro que no se pudo mover
Se intentó trasladar la pared a la parroquia de San Sebastián. Los alarifes Manuel de Escobar y fray Diego Maroto la examinaron y concluyeron algo asombroso: el muro no tenía cimientos y lo humedecía el salitre de una acequia.
Es imposible, si no fuera por un especial milagro, que ese pedazo de pared se hubiese mantenido en pie por tanto tiempo.
Al levantarlo con palancas se desprendieron los adobes de la Virgen y la Magdalena. El Cristo quedó intacto. El muro recibió entonces el remate en arco de medio punto que conserva hasta hoy. Una cédula real de 1681 lo llamó por primera vez “Cristo de los Milagros”; antes se le decía el Cristo de las Maravillas.
Sebastián de Antuñano
Nació en Valmaseda, Vizcaya, en 1652, y salió de Cádiz rumbo a Lima con catorce años. En 1684, tras unos ejercicios espirituales con los jesuitas, entró a la capilla del Cristo y escuchó una voz interior:
“Sebastián, ven a hacerme compañía y a cuidar del esplendor de mi culto”.
Se hizo mayordomo de la capilla, el cuarto desde 1671, y se propuso comprar los terrenos vecinos. El dueño, Diego Tebes, juró que no se los vendería “ni para Jesucristo ni para toda la Santísima Trinidad”. Hubo pleito, tasaciones y hasta un duelo evitado en el Cabildo. Antuñano ganó: limpió los muladares, trasladó un matadero de carneros y reunió un terreno de dos cuadras de largo.
- Nacimiento
- Valmaseda, Vizcaya, 1652
- Llega a Lima
- 1668, con 14 años
- El llamado
- Julio de 1684
- Escritura del terreno
- 14 de marzo de 1685
- Deja todo a
- “este Santuario del Señor de los Milagros y Colegio de Nazarenas”
La primera procesión, 1687
Ese día otro terremoto “que duró tres credos” derribó el Palacio, la Catedral y media Lima. La ermita cayó. El muro, otra vez, quedó en pie. Esa tarde Antuñano sacó por las calles una copia del Cristo pintada en lienzo. Fue la primera procesión del Señor de los Milagros.
No se conoce otro lienzo, por lo que la imagen procesional que sale hoy ha de ser la misma de aquel día. Así nacieron las dos imágenes: el muro de 1651, que sigue en el altar mayor, y el lienzo de 1687, que recorre las calles.
Al año siguiente Antuñano fijó el recorrido: la Plaza Mayor por la mañana, el hospital de Santa Ana al mediodía y el de San Juan de Dios por la tarde. Primero, la visita a los enfermos. Y fijó la fecha en el 18 de octubre.
Muro y anda, un solo Señor, una sola devoción.
Guarda y custodia de Lima
En setiembre de 1715 el Cabildo de Lima celebró dos sesiones. En la del día 21 se comprometió a una misa solemne perpetua para que el Cristo librara a la ciudad de calamidades, esterilidad de los campos y epidemias. En la del día 27 lo invocó como “guarda y custodia desta ciudad”. El acta se conserva en el Archivo Histórico de la Municipalidad de Lima.
El Cabildo lo declara guarda y custodia de la ciudad.
La Municipalidad de Lima le entrega el escudo de la ciudad, que corona las Andas.
Patrono de los migrantes peruanos. La festividad es declarada Patrimonio Cultural de la Nación.
La Ley 29602 lo declara Patrono de la Espiritualidad Religiosa Católica del Perú.
El 18 de octubre la Municipalidad de Lima lo proclama Patrono Jurado de la ciudad, un título que el pueblo ya le daba.
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